Historias de Catalina… recuerdos desde más allá de la segunda mitad del siglo XXI sobre cómo nació la Homeopatía

Abuela, y esto de la Homeopatía, ¿a quién se le ocurrió?
Anika apenas tenía 7 años recién cumplidos, alta y esbelta para su edad, y una mente privilegiada en curiosidad, imaginación y ansia por saber, por crear sus propias estructuras internas, sus propias creencias sobre cómo era la vida, sobre cómo funcionaban las cosas.
Anika quería saber el porqué de absolutamente todo.
Y esta actitud vital era pura miel de abeja para su bisabuela Catalina. Cada vez que la visitaba o que se la traían para cuidar de su salud, Anika podía preguntar en profundidad sobre cualquier tema que se le hubiese quedado barruntando en la cabeza y parecía que se los guardaba todos para ametrallar a preguntas a la Abuela Catalina, cada vez que se veían.
Anika la adoraba, y más allá del amor que sentían una por la otra, la niña tenía absoluta devoción por la cantidad de conocimientos que la Abuela Catalina poseía sobre la vida, sobre cómo vivirla, las relaciones y la salud y curiosamente, también sobre la muerte, el propósito que tenemos en esta vida, el espíritu, el alma y el cuerpo. Y es que estos eran los temas que fascinaban a Anika (con un precioso Sol en Casa VIII) y sobre los que la anciana Catalina tenía respuestas claras y sencillas, que ella absorbía como una esponja, con los ojos como platos. Cómo solía decir Catalina, en estas ocasiones, en los momentos de silencio, casi podías oír funcionar el cerebro de Anika a toda máquina, absorbiendo, acomodando y preguntando de nuevo para ir completando la información que la Abuela le compartía.
Y a la Abuela Catalina le encantaba, claro, pero era cierto que había un tema con el que disfrutaba por encima de todos: el cuidado de la salud. Sus conocimientos sobre homeopatía, plantas medicinales y reiki, entre muchas otras terapéuticas, la habían convertido desde hacía muchos años en la Mujer Medicina de su núcleo, y a sus 81 años, nada la regocijaba más que su bisnieta le preguntase por temas de salud, y en concreto por la Homeopatía, que era la auténtica pasión de Catalina.
Así pues esa segunda mañana que Anika, completamente restablecida de su bronquitis, amanecía en casa de la Abuela Catalina interesándose por cómo nació la Homeopatía, prometía ser absolutamente deliciosa.
Catalina sonrió desde la cocina cuando Anika preguntó:
- Abuela, y esto de la Homeopatía, ¿a quién se le ocurrió? ¿y cómo? o sea, ¿por qué?, no, cómo, o sea, ¿cómo se le ocurrió, cómo lo supo?
No era casual que Anika preguntase por la Homeopatía. Desde que su madre la trajo dos días antes, a las nueve de la noche, con fiebre alta, la cara como un tomate y el pecho inundado de mocos que le impedían respirar con normalidad, hasta esa mañana, en la que no quedaba rastro de todos esos síntomas tan solo había mediado la Homeopatía, bueno, y los mimos y cuidados que eso suma mucho, y es que la Abuela Catalina les tenía tomadas las medidas, homeopáticamente hablando, a toda su familia, y de hecho a todo su núcleo, y en el caso de Anika la tríada escogida por Catalina tuvo una efectividad maravillosa, como casi siempre:
Phosphorus, porque Anika era una Phosphorus de los pies a la cabeza. Belladona para la fiebre y Antimonium Tartaricum para la bronquitis.
Al día siguiente despertó sin fiebre, respirando muchísimo mejor, pero todavía con malestar en todo el cuerpo y restos de la bronquitis. Esa primera mañana en casa de la Abuela Catalina, Anika, quejosa y buscando mimos y consuelo, le contó a su bisabuela la enorme injusticia que había sufrido hacía un par de días, cuando la tía Rut anunció que se llevaba a todos los primos y primas a la casa del lago, pero que solo a los mayores de 10 años:
- Es que me parece increíble que siempre me toque a mí, Abuela, es tan injusto, que tendrá que ver la edad si yo juego y hago lo mismo que los primos, es horroroso Abuela ¿por qué yo tengo que tragar con esto?, no quiero, o sea, me parece fatal, o sea es que no puede ser, es muy, muy, muy injusto Abuela.
La Abuela Catalina, sentada en el «sofá de los enfermitos», como le gustaba llamarle, al lado de la chimenea, a la luz de las cristaleras que daban al Sur, donde tenía acomodada a Anika, con su cabeza en el regazo, le acarició el pelo y sonrió mientras pensaba «Aja, ahí está el detonante»:
Te entiendo perfectamente Anika, es injusto para ti, sí, pero al final la tía Rut es la que organiza el viaje, y caben los que caben en el coche, y ella decide cómo hacerlo. Pero sí, eso ha sido una faena para ti, entiendo perfectamente que estés enfadada y frustrada, amor. Lo entiendo.
- Ya, pero es que no es justo, Abuela, la tía sabe que a mí me gusta mucho ir a la casa del lago, me da tanta rabia, es tan injusto. Y encima, ahora esto, superenferma, si es que me pasa todo a mí, Abuela, que ayer estaba fatal, pero fatal, que casi ni me acuerdo de cuando me trajo mamá.
- Ya, ay, ay, que de cosas te pasan Anika, pero bueno, tú ya sabes que a veces es una cosa que lleva a la otra ¿verdad? Le había dicho la Abuela Catalina Que igual del disgusto y la rabia que te has llevado con lo de la casa del lago te has puesto mala ¿no crees?, preguntó la Abuela mientras casi podía oír el engranaje cerebral de Anika funcionando a toda pastilla. ¿Sabes qué podemos a hacer?, te voy a traer un par de gránulos de Staphysagria, un medicamento muy bueno para quien se siente víctima de injusticias, y verás como mañana ves las cosas de otra manera. Eso y otra dosis de la tríada que te preparé ayer.
Y entre mimos, cuidados, caldos, infusiones, el calor de la chimenea, cuando cayó la noche y la Homeopatía, pasaron Anika y la Abuela Catalina el primer día de convalecencia.
Y efectivamente, a la mañana del segundo día, mientras la Abuela Catalina estaba en la cocina preparando un suculento desayuno para una Anika completamente recuperada (-jolines Abuela, es increíble, no me duele nada, me encuentro genial, había dicho en cuanto abrió un ojo), aguardaba su respuesta, con esa mirada de «cuéntamelo todo» sobre esta medicina que la había curado de forma tan maravillosa.
- Así que quieres saber como Samuel Hahnemann descubrió la Homeopatía, ¿eh?
Catalina tuvo que alzar un poco la voz desde la cocina, al otro lado de la zona de vida en la que estaban, porque a sus 81 años, con un cuerpecito enjuto, pero aun con una vitalidad y lucidez dignas de admiración, tenía una voz serena que detestaba alterar. Así pues, reinó el silencio hasta que de forma pausada y tranquila depositó la bandeja con frutas, una tortilla, unas rebanadas de pan de trigo sarraceno, membrillo y miel para acompañar una infusión de melisa que había preparado.
Anika la esperaba, en el sofá, ella había despejado la mesita para que ambas pudieran desayunar, y no tardó en insistir a su Abuela. Cuando Anika tenía algo en la cabeza no lo soltaba fácilmente:
- Entonces, ¿cómo fue?, Abuela, ¿Cómo ocurrió? ¿Cómo lo supo ese señor?
La Abuela Catalina se sentó tranquilamente, y empezó a servir las viandas. Le gustaba crear expectación y ver como Anika se removía por las ganas de escuchar su respuesta, era algo que le encantaba.
- Pues veras querida Anika, déjame que empiece por el principio, ese señor, Samuel Hahnemann, fue un médico que nació hace unos 300 años, en Alemania. Ya de niño se vio que era un prodigio, muy, muy inteligente. De hecho, él era de una familia muy pobre y consiguió estudiar de forma excelente la carrera de medicina, cosa que en aquella época era muy difícil, si tu familia no contaba con mucho dinero. Pero Samuel Hahnemann sabía que quería ser Médico, así que para poder pagarse los estudios de medicina trabajaba en la Biblioteca, y fue así como aprendió hasta 11 idiomas, dedicándose a traducir al alemán libros relacionados con la Medicina, ya fueran del inglés, del francés, del italiano, griego, latín, árabe, hebreo…. hasta 11 idiomas Anika, imagínate, nosotras hablamos 4, el castellano, el catalán, el francés y el inglés, Hahnemann leía, escribía y traducía libros de medicina en 11 idiomas distintos. Es decir, que tuvo acceso a todos los conocimientos sobre Medicina desde hace más de 3000 años.
- Halaaaa Abuela, 11 idiomas, pues sí que era listo…. entonces lo de la Homeopatía, ¿lo leyó de la antigüedad?
- Ja, ja, ja -rio, la Abuela Catalina- nooo, espera Anika, no seas tan impaciente, la Homeopatía la descubrió Samuel Hahnemann, pero fue gracias a todos los conocimientos previos que tenía, que por eso te lo estoy contando. Aunque sí es cierto que algunos principios de la Homeopatía sí eran así de antiguos, pero él le dio forma en lo que es la medicina que ahora conocemos. Ahora llego a cómo fue que la descubrió.
- Aah, vale, vale. Dijo Anika con una sonrisa, mientras Catalina prosiguió:
- Te estoy dando lo que se llama «el contexto» mi amor, para que tengas toda la información y puedas captar a la primera -que tu eres muy, muy avispada- como fue lo del descubrimiento de la Homeopatía. Y antes de llegar a eso, todavía te tengo que contar otra cosa más: hace más de 400 años, los españoles y europeos que vivían o viajaban a América del Sur vieron cómo ahí los chamanes indígenas -los hombres medicina de la selva- daban corteza del árbol de la Quina a las personas que enfermaban de Malaria, una enfermedad con fiebres intermitentes, que vienen y van, y mucha diarrea. La gente se moría de Malaria en aquel entonces, en Europa. Y esto que te cuento es importante, porque nuestro protagonista, Samuel Hahnemann que ya era Médico y que seguía traduciendo, un buen día leyó un libro que describía las propiedades de todas la plantas, y los efectos por envenenamiento de esas mismas plantas, su tóxicidad, lo que llamamos una Materia Médica -apuntilló Catalina-. Pues bien, cuando Hahnemann leyó que el árbol de la Quina producía diarreas y fiebres intermitentes, pensó -No puede ser, esto está mal. Si la Quina provoca estos síntomas, y, por otro lado, se utiliza el polvo de la corteza de la Quina, para curar estos mismos síntomas, hay algo que no cuadra. Y ahí fue cuando Hahnemann recordó uno de esos conocimientos que había adquirido traduciendo libros antiguos: recordó a Hipócrates, el padre de la Medicina, y su principio de que «lo similar se cura con lo similar», Similia Similibus Curantur.
- Para, para, Abuela, un momentito, espera, entoces quieres decir que este señor se dió cuenta que de ese árbol si tomabas mucha cantidad te ponías malo con diarrea y fiebre, y si lo tomabas a poquito te curaba los mismos síntomas. Catalina asintió complacida y Anika continuo -y eso ¿cómo dices que se llama, Abuela? similantibus?
- Ja ja ja. La Abuela Catalina se rió de nuevo. Noo, que «lo similar se cura con lo similar» y que en latín se dice Similia Similibus Curantur.
- Similia Similibus Curantur. Repitió Anika. Me gusta el latin Abuela, Similia Similibus Curantur, mola.
- La cuestión Anika, es que Hahnemann quiso investigar este caso concreto, es decir, primero ver si es verdad que la intoxicación por Quina da diarrea y fiebres intermitentes, y después si es cierto que la Quina en muy poca cantidad cura esos mismos síntomas.
- ¿Y cómo lo hizo? ja ja ja ¿intoxicándose? ja ja ja
- Pues sí, Anika, precisamente has dado en el clavo, eso es lo que hizo, se intoxicó él y pidió a su familia y amigos que también tomasen las dosis tóxicas y fue anotando todos los síntomas que les aparecian, comprobando que efectivamente si alguien tomaba Quina en dosis tóxicas tenía diarreas y fiebres intermitentes.
- Halaaa, pero que bestias, Abuela, eso ¿no era muy peligroso? . Preguntó Anika.
- Bueno, eran dósis mínimamente tóxicas, dosis que les pusieran algo enfermos pero nada grave.
- Y luego ¿se curaban con la misma Quina?¿es así? ¿esto es lo del …. Similibus ese?
- Ay que lista eres Anika, efectivamente, eso hizo, preparar dosis muy, muy pequeñas de Quina, para curar esos síntomas. En ellos mismos, pero también en enfermos de Malaria y ¡Eureka! la Quina en muy pequeñas dosis, infinitesimales, se llaman, curaba la diarrea y las fiebres intermintentes. Y así empezó el descubrimiento de la Homeopatía (Homeo, de igual y Pathía de enfermedad), Similia Similibus Curantur, lo similiar se cura con lo similar.
- Buah, que pasada Abuela, por una casualidad, eh, si no llega a leer el libro ese de la Quina ni lo hubiese pensado ¿no?.
- Bueno Anika, ya sabes que yo creo poco en las casualidades, como yo lo veo, la humanidad necesitaba todo este conocimiento y el Universo se las ingenió para que alguien como Hahnemann lo descubriese. Me gusta más pensar en causalidad que en casualidad, ya lo hemos hablado en otra ocasiones, ¿verdad Anika? pero tú puedes pensar lo quieras, ¿eh?
- No, no, Abuela, tienes razón, yo también creo que fue cosa del Universo, como lo de ser yo tu bisnieta, que estoy segura que es cosa del Universo para que aprenda, en esta vida, todo lo que tu sabes. Catalina la miro con orgullo y amor infinito.
La conexión que tenian ambas, Anika y Catalina, era un tema recurrente entre ellas dos y ambas se complacian en pensar que «estaba en algún sitio escrito» que ellas tenían que conocerse en esta vida.
Se quedaron unos minutos en silencio, mientras Anika daba buena cuenta de la tortilla y Catalina tomaba sorbitos de su infusión. La Abuela veía en el semblante de Anika que seguía barruntando sobre el tema del que venían hablando. Y, efectivamente, no tardo en volver a preguntar, con la boca todavía llena:
- Pero Abuela, hay dos cosas que no entiendo de esto del descubrimiento de la Homeopatía, la primera es si ya está, o sea, si con ese experimento de tomar dosis tóxicas y luego dar dosis pequeñas para curar, ya eso fue la Homeopatía, o qué paso después, exactamente.
- Y ¿la segunda?, preguntó la Abuela Catalina.
- Y la segunda es que, a ver, vale, si me intoxico de lo que sea me pongo mala, pero qué pasa cuando en vez de que me duela algo, me siento mal, ay, no sé como explicarlo Abuela, sí, espera, ese último remedio que me diste ayer, para víctimas de injusticias, eso, ¿cómo te va provocar esa sensación, una intoxicación de una substancia?, eso no es una injusticia, no sé Abuela, no lo entiendo. Porque a ver, es verdad que lo de la casa del lago no ha cambiado y yo me he quedado sin ir, pero la verdad es que hoy me da bastante igual, digamos que ese medicamento ha funcionado, pero cómo se detecta eso con un experimento como el que me has contado. Si es que no lo entiendo, Abuela.
Catalina no dejaba nunca de asombrarse con su biznieta Anika: como le gustaba asentar conocimientos sin fisuras, cómo anhelaba entender con su mente de niña pre adolescente toda la infomación sobre aquello que le suscitaba curiosidad y ganas de conocer. La disfrutaba tanto, era tan feliz de formar parte de su vida, y que Anika formara parte de la suya. La Abuela Catalina sonrio y dijo:
- Esas son dos muy buenas preguntas Anika, eso significa que has entendido a la perfección todo lo que te he contado hasta ahora, porque efectivamente falta por contar algo que te responderá a las dos preguntas a la vez.
- ¿A las dos? ¿Cómo? Dime, Abuela.
- Pues verás Anika, cuando Hahnemann estaba haciendo experimentos, intoxicando con determinadas sustancias, para ver los efectos, así como administrando dosis muy bajas para curar dichos efectos, empezó a diluir, el producto y a continuación a dinamizarlo. ¿Sabes lo que es Anika? Y vio como Anika afirmaba con la cabeza a la vez que daba golpes con el puño derecho sobre la palma de la mano izquierda. Bien, Anika, pues Hahnemann se dió cuenta que cuanto más diluia y dinamizaba un remedio, más rápida y profundamente curaba, pero ojo, lo mismo hizo con quienes intoxicaba con nuevas materias, que después del árbol de la Quina hizo lo mismo con muchísimas más sustancias. Pues a quienes intoxicaba lo hacía con dosis altas muy diluidas y una vez más ¡Eureka! Hahnemann descubrió que cuanto más diluido estaba el remedios en dosis altas, quienes eran sensibles a la intoxicación podían describir, además de los síntomas físicos, los síntomas mentales y emocionales. Y lo mismo ocurria a la hora de curar, un medicamento asociado a determinados pensamientos y emociones negativas, podía sanar dicho estado tomando el medicamento en dosis muy, muy pequeñas….¿no sé si he sabido explicarme? Anika.
- Creo que sí Abuela, o sea que la Homeopatía nació cuando Hahn… este señor, descubrió que cuanto menos cantidad, mas efecto, ¿no? y a la segunda pregunta que a cuanta menos cantidad aparecen y se curan sintomas de emociones, ¿es así?
- Si, a grosso modo así es Anika, creo que con tus 7 años lo has expresado de maravilla. Catalina la miraba con una sonrisa, admiración y una ternura inmensa.
- Vale Abuela, pues ahora tengo una pregunta más, explícame, científicamente, esto por qué ocurre, que creo que ya me los contado alguna otra vez, lo de la energía, pero cuéntamelo de nuevo, porfa, para acabar de entenderlo aplicado a la Homeopatía.
Anika miraba expectante a la Abuela, esperando la respuesta, y dispuesta a no perder un ápice de información y Catalina no podía dejar de regocijarse en esa maravilla de biznieta que tenía.
- Eso es fácil Anika, sabemos que todo es energía, ¿sí? Anika asintió con la cabeza y Catalina continuo: incluso la materia que vemos y tocamos es energía, es energía en constante vibración, ¿sí? esto lo habéis estudiado en el colegio, ¿verdad? Anika volvió a asentir con la cabeza. Y Catalina prosiguió: Bien, pues la información sobre las propiedades de cualquier sustancia, en el proceso de dilución y dinamización, se va liberando en forma de energía, que queda contenida en el líquido de la disolución, incluso si lo diluyes mucho y mucho, dinamizándolo en cada paso, al final no queda ni una molécula de la sustancia inicial y sin embargo ha quedado la información energética de dicha sustancia, mucho más fuerte y clara que cuando la contenía la materia o sustancia. Desaparece la materia y aparece la energía del medicamento. ¿he sabido explicarlo?
- Sí Abuela, el poder de lo mínimo, que dices muchas veces, ¿verdad? me parece una pasada Abuela, cuando sea mayor seré una Homeópata como tú. Dijo con una sonrisa de oreja a oreja, mirando embelesada a la Abuela Catalina, y después, bajo la mirada hacia la bandeja que había traido su bisabuela, tititubeo un momento, cogió una manzana y le asestó un bocado.
- Muy bien, tú serás todo lo que te propongas en esta vida, Anika, no te quepa la menor duda. Y ahora ves acabando el desayuno que estoy deseando que me dibujes una maravilla artística de esas que haces tú, ¿te apetece?
- !Claro que sí, Abuela¡ Trago el trozo de manzana que tenía en la boca y se estiró hacia Catalina para abrazarse a su cuello, con la manzana todavía en una mano, y susurrarle: Te quiero muchísimo Abuela.
- Y yo, Anika, te quiero muchísimo, como de aquí a la luna, ir y volver.

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