ABC HOMEOPATÍA

    La homeopatía a tu alcance

    Samuel Hahnemann, su vida, sus ideas. Prefacio

    Samuel Hahnemann, su vida, sus ideas.

    Tesis de doctorado en medicina del Doctor Georges Thouret
    Presentada por el Dr. Robert Séror
    Traducción del Dr. Ricardo Prebisch
    Extraído de la web homeoint.org

    Prefacio del Dr. George Thouret

    Tesis de Doctorado en Medicina llevada a cabo en París el 15 de diciembre de 1932.

    A la memoria de mi Padre y a mi Madre.

    Dr. Haehl de Stuttgart.
    Dr. Heahl de Stuttgart.

    En su conjunto, los acontecimientos propios de la vida de Hahnemann han sido registrados ya en la biografía del Dr. Haehl de Stuttgart, obra maravillosa compuesta con pasión, obra considerable, a la que su autor dedicó toda su vida.

    Una interpretación muy interesante y a menudo poética, ha sido publicada en la Revista “Homeopatía Francesa” por la señora Croll-Picard: algunos de sus pasajes y relatos han sido incluidos en esta obra.

    En cuanto a las citas de Hahnemann que se encontrarán a lo largo de este ensayo, provienen de obras, fragmentos, artículos y estudios en número considerable que serán citados en el índice bibliográfico.

    Sin embargo, todas las obras de Hahnemann no son colocadas en el mismo plano. El “Organón” domina dentro del magistral edificio. Esta obra aparece un poco como la biblia de la homeopatía, por lo que un capítulo especial le será consagrado.

    Resta todavía citar “La Orientación de las Ideas Médicas” del Dr. Allendy, obra desde todo punto de vista destacable, cuya lectura no puede ser sino aconsejada.

    Por último, debo testimoniar mi más profunda gratitud al Dr. Le Tellier, Presidente de la Sociedad Francesa de Homeopatía, Presidente de la Liga Homeopática Internacional y médico del Hospital Hahnemann, quien me ha permitido realizar este modesto trabajo poniendo a mi disposición obras y documentos y, además, con gran benevolencia, me ha guiado con sus consejos esclarecidos. Que encuentre aquí, la expresión de mi reconocimiento.

    Dr. Tellier

    No se puede creer, ha dicho el profesor Richet, hasta que punto las ideas nuevas, aún las mejor justificadas y comprobadas, tienen dificultad para penetrar en las ciencias clásicas, como así también las malvadas razones que son capaces de inventar para no admitir las evidencias”.

    La historia de la medicina es rica en enseñanzas a este respecto. Esta es la suerte común de la gran mayoría de los innovadores: ser incomprendidos, golpeados y menoscabados.

    Pero la verdad se impone tarde o temprano, y aquellos que han conocido un triste destino gozan, después de su rehabilitación, de una gloria tardía o, lo más a menudo, de una gloria póstuma.

    Modificar las convicciones de una época, los hechos admitidos desde siglos atrás, es, sin duda alguna, una empresa muy ardua en la que la audacia merece la admiración sólo de los espíritus selectos.

    En estas reflexiones sobre el pasado, el profesor Schleich, el gran experto en anestesia, estigmatiza los sinsabores de los innovadores, los obstáculos que se oponen a aquellos cuyas ideas no están conformes con las que son admitidas y enseñadas.

    Él mismo sufrió una dura experiencia: no dudó en retirarse de un Congreso de Cirugía en 1892, bajo la mirada de reproche de sus colegas, a los que terminaba de exponer su nuevo procedimiento de anestesia. Diez años más tarde, este procedimiento era admitido por todos.

    De la misma forma, muchos de aquellos cuyo nombre es inmortal en la historia de la medicina, han conocido idénticos rechazos.

    La vida de Paracelso fue de un perpetuo vagabundeo, obligado a huir constantemente por las repercusiones motivadas por el rencor y la envidia de sus colegas.

    Ambrosio Paré, cuyos descubrimientos le valen el título de “Padre de la cirugía moderna”, sucumbió en la lucha sin que la Facultad de Medicina de París aportara una sanción favorable a sus prácticas.

    Harvey, descubridor de la circulación de la sangre, fue estigmatizado por sus contemporáneos como un charlatán.

    Más cerca de nosotros está Pasteur, que conoció la ingratitud del cuerpo médico y la risa burlona de los académicos, cuando llevaba a cabo sus experiencias biológicas.

    Tampoco Jenner pudo lograr que su técnica de la vacunación antivariólica fuera admitida. Tuvo que luchar contra los ataques del Royal College de Londres que lo denigró sin compasión hasta provocarle la muerte. Su rehabilitación demoró casi un siglo. Lo mismo le ocurrió a Samuel Hahnemann.

    Si el fundador de la homeopatía se ha asegurado un lugar preponderante en el mundo científico, su obra se ha mantenido largo tiempo en una sombra intencionalmente proyectada.

    Los años han pasado, el olvido pareciera girar alrededor de este ilustre médico. Pero, oscuramente, al margen de la medicina oficial, sus ideas se han engrandecido y han sido precisadas. Nuestra época, en un impulso de justicia, ¿nos dará una visión más indulgente hacia el creador de la Ley de la Similitud?

    La vida y la obra insospechable de Samuel Hahnemann merecen ser llevadas a la luz. Ellas se unen estrechamente. Es necesario vivir los episodios de su larga existencia y mostrar las condiciones que han precedido a la eclosión de su genio, para comprender su arrolladora personalidad. Este es el principal objetivo de esta obra.

    Nacido de una familia de artesanos, veremos al joven Samuel sorprender a su entorno y a su maestro por la vivacidad de su inteligencia y sus llamativos dones.

    “En buena hora, se dirá, el genio está trabajando en él”.

    Adolescente sediento de conocimientos, su vocación se mostró imperiosa: Hahnemann fue un médico nato. En este trabajo lo seguiremos a través de las numerosas peripecias de su carrera.

    Es lamentable constatar que este nombre, todavía desconocido por la mayoría, no despierte la curiosidad de los médicos. Nosotros haremos conocer a este disidente de la medicina, sujeto a burla en su vida íntima, perseguido por su obra y lapidado como un charlatán; pero, tal como un apóstol, Hahnemann se planteó como deber irrenunciable la defensa de la verdad.

    Calumniado durante su vida, ignorado desde su muerte, el tiempo terminará por proyectar la luz sobre esta gran figura, cuya obra fecunda lo torna en un verdadero discípulo de Hipócrates.

    Después de tanta postergación y de injusticia, el día está próximo, así lo esperamos, en que el nombre de Samuel Hahnemann será definitivamente grabado en la historia de la medicina.

    • Facebook
    • Twitter
    • Google+
    • Linkedin
    • Pinterest

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    It is main inner container footer text