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    Max, de niño autista a joven estudiante de cine y animación gracias a la homeopatía

    Max, de niño autista a joven estudiante de cine y animación gracias a la homeopatía

    Max fue diagnosticado de autista y curado con homeopatía. Esta es su historia.
    Max fue diagnosticado de autismo y curado con homeopatía. Esta es su historia.

    La  doctora  Amy Lansky era  una  científica  informática en Silicon Valley, cuando su vida se transformó por la milagrosa cura homeopática del autismo de su hijo. En abril de 2003 publicó su libro “Impossible Cure:The Promise of Homeopathy”, que se ha convertido en uno de los libros de homeopatía más vendidos a nivel mundial.

    Esta es la historia de cómo su hijo fue diagnosticado de autismo y posteriormente curado con homeopatía, y está extraída de un artículo escrito por Amy Lansky sobre el tratamiento homeopático de autismo, que apareció en la edición de junio 2012 de la Revista Homeopatica de la Salud editada en Guadalajara, México.

    «En enero de 1995, un artículo en la evista Mothering acerca del tratamiento homeopático para el comportamiento de los niños autistas despertó mi interés para iniciar la búsqueda de dicho tratamiento para mi hijo Max.

    En ese entonces, mi esposo Steve y yo luchábamos para comprender y aceptar la inhabilidad de Max para poder comunicarse y socializar con los demás.

    Desafortunadamente esta misma experiencia se ha ido incrementando en mayor cantidad de familias. En 1995 el aumento dramático en los índices de autismo en Estados Unidos apenas iniciaba, y el mundo de recursos autísticos y tratamientos para combatirlo apenas se encontraba en su etapa inicial.

    En la primavera de 1994, cuando Max tenía apenas tres años, su programa de preescolar nos citó a una entrevista donde nos recomendaron atención médica. Max empezaba a convertirse en una persona extremadamente desprendida de su contexto, no hacia buen contacto visual, no respondía bien a su nombre y manifestaba actividades de auto‐estimulación como dar vueltas.

    Durante el periodo diario de lectura parecía inconsciente; si no se mantenía sentado sobre la pierna de sus maestros, se iba a correr o jugar en alguna otra parte del salón. Mientras otros niños se encontraban jugando en el patio, los maestros lo encontraban viendo absorto algún juguete o animal en el aula.

    Aunque Max se encontraba generalmente con un buen estado de ánimo, sólo poseía 10 ó 20 palabras en su vocabulario y no podía formular oraciones de dos palabras. Tampoco parecía poder entender o responder cuando se lellamaba. Si trataba de leerle antes de dormir se movía por toda la cama, corríasus dedos por la pared y el edredón. Por otro lado Max era sumamente hábil con los bloques y computadoras, conocía los números y las letras, y amaba ver televisión y bailar escuchando música.

    Tras el consejo de una amiga terapeuta en comunicación decidimos no llevar a Max a la clínica de la Universidad de Stanford que nos habían recomendado previamente. Nos dijo que soló lo etiquetarían y cultivarían en nosotros un aire de desesperanza. En vez de eso nos recomendó una excelente terapeuta enlenguaje, que vivía en  PaloAlto, una mujer que continúa siendo la mejor terapeuta en el área trabajando con niños como Max. Como con tantos otros eventos que nos sucedieron ese año, alguien se encontraba ahí arriba velando por nuestros intereses; normalmente es extremadamente difícil conseguir una cita con esta terapeuta, pero aun así recibió a Max de inmediato.  En vez de etiquetarlo empezó a trabajar con él al instante.

    Durante el verano de 1994 también aprendí acerca de la dieta Feingold. Una de las prohibiciones en la lista de alimentos problemáticos era la leche de vaca y Max era adicto a ella. La botella era su “amor” y  en ocasiones podía tomar hasta 8 botellas diarias. Una vez que eliminamos la leche de su dieta, una cortina pareció levantarse y Max empezó a formar oraciones dobles. Lo seguía haciendo con un estilo autístico, pero definitivamente se encontraba más presente que antes.  Años después descubrí que las sensibilidades hacia la leche y otros alimentos son una notoria característica de niños autistas. Otros cambios que hicimos en su dieta durante ese periodo fueron eliminar los colorantes y el maíz.

    En otoño de 1994 las citas con la terapeuta de lenguaje de Max continuaron,incluyendo una sesión semanal con otros dos niños en el espectro autista. Max era el que se comportaba mejor, pero el menos verbal y más “desalineado”.Después de ciertas pruebas conseguimos la certificación para la obtención de ayudas económicas para una educación especial.

    El progreso de Max con la terapia era lento y había empezado a manifestar síntomas característicos del autismo como la ecolalia (trastorno psíquico que se traduce por la repetición de palabras dichas por otros).

    Estábamos destrozados, pero determinados a seguir tratando todo lo que pudiéramos. De verdad, esto se había convertido en mi peor pesadilla vuelta realidad.

    Mi hermano es esquizofrénico por lo que era consciente de cómo la enfermedad de Max podía afectar a toda nuestra familia.

    Decidimos inscribir a Max en la escuela Montessori, la cual era más apta para él y al mismo tiempo tratamos de adoptar ideas del libro SonRise de Barry Neil Kaufman, por ejemplo pasar tiempo de calidad solo con él. El estado de ánimo de Max permanecía generalmente positivo aunque en realidad no se encontrara en su totalidad “ahí”.

    Éste era el estado actual de la situación, cuando leí  acerca de la homeopatía en el artículo publicado en Mothering. De cierta manera, el pequeño artículo de Judyth Reichenberg‐Ullman creó un cambio en mí; instintivamente supe que esta forma de tratamiento podía ser la respuesta que necesitaba.

    Tal y como he dicho ¡alguien ahí arriba estaba velando por nosotros!

    Al día siguiente llamé a una amiga acupuntora y le pregunté: ¿Dónde puedo encontrar a un homeópata? Ella me mencionó a John Melnychuk, un practicante que acababa de establecerse en Palo Alto.

    Nos dio una cita rápidamente y con ella el viaje de recuperación de Max había comenzando.

    Nuestra primera cita con John fue un típico tratamiento homeopático. John observó a Max y escuchó todos los síntomas que le describí sobre él: sueño, hábitos alimenticios, patrones de sudor, síntomas físicos, comportamiento y personalidad. También tomó en cuenta su gestación, nacimiento y nuestra historia médica familiar. La primera cita duro aproximadamente 2 horas.

    Después de tomarse unos cuantos días para analizar el caso, John nos llamó para decirnos el nombre del remedio que pensaba que encajaba mejor para Max. (Carcinosin 1 LM)

    Afortunadamente, la esperanza nos sonreía de nuevo. En tan sólo unos cuantos días de haber iniciado el tratamiento con el remedio en dosis líquidas diarias, Max empezó a mostrar pequeños cambios. Su habilidad verbal se volvió un poco más fluida, usaba nuevas frases y se percataba mejor de su entorno social.

    La siguiente semana la terapeuta de Max remarcó que algo definitivamente había cambiado en él. Ella no sabía que habíamos iniciado un tratamiento homeopático y rápidamente preguntó, ¿Qué hiciste? Max ya era capaz de seguir una secuencia de dos comandos en vez de uno sólo.

    Al cabo de unos meses los cambios en Max fueron mayores y más notorios. Cada mes aumentábamos la potencia de su medicamento y observamos una patente respuesta. Al momento de empezar con una nueva botella del remedio con mayor potencia veíamos en un periodo de tres días un incremento en hiperactividad seguido con una discreta mejoría en cognición y comportamiento.

    Dado que Steve y yo éramos científicos decidimos conducir un simple experimento. Steve le dio a Max su medicamento para un periodo de 2 días y cambió su potencia por un tiempo que yo desconocía. Realicé observaciones tratando de captar mejoras espontaneas en su comportamiento. Y lo noté exactamente 3 días después de que la dosis había sido cambiada.

    Después de 6 meses de tratamiento, John recomendó que lleváramos a Max con un osteópata craneal. John actualmente da tratamientos a niños autistas y considera que el tratamiento cráneo sacral puede acelerar la mejoría en muchos de sus casos.

    Max tuvo varios tratamientos con el osteópata y nos dimos cuenta de que tenían un gran impacto en él.  Parecían calmarlo e incrementar su deseo de contacto físico y afecto.

    Tras 9 meses de tratamiento homeopático, la terapeuta de Max pensó que sus sesiones ya no eran necesarias. Un año y medio después de haber iniciado el tratamiento Max se encontraba obteniendo resultados por encima de su rango de edad. Cuando firmamos los papeles que lo liberaban de la elegibilidad para las ayudas de educación especial, nuestra terapeuta le dijo al representante del gobierno que no era su tratamiento el que había ayudado a Max, sino que fue la homeopatía.

    De hecho la terapeuta nos mencionó que nunca había presenciado nada parecido. Nos dijo que había visto niños autistas recuperarse, pero jamás a un niño superar el autismo de la manera en que Max lo había logrado.

    En ese momento Max se encontraba probablemente curado al 80%. Max continuó con Carcinosin de manera periódica, tomándolo a veces sí y a veces no, durante 6 meses.

    El 20% restante de su curación duró un periodo de algunos años, marcados por transiciones con nuevos remedios con los cuales Max iba mejorando y cambiando.

    Cuando llegó a los 9 ó 10 años de edad nadie se hubiera imaginado su autismo previo.

    Es importante destacar que hay muchos remedios homeopáticos que son usados en el tratamiento del autismo, ya que siendo diferente cada niño, es necesario el uso de distintos remedios.

    Cualquiera que  sea el caso habrá un remedio constitucional indicado para ese niño. De mi experiencia al observar distintos casos, he aprendido que tanto los remedios constitucionales, como los remedios que van sobre una enfermedad especifica para los cuales fueron dadas vacunas, los nosodes indicados y el uso isopatico de vacunas en potencia homeopática, juegan un rol importante en el tratamiento del autismo. Es por esta razón que consultar a un homeópata capacitado es sumamente necesario.

    La respuesta al tratamiento homeopático por parte de Max fue excepcional.

    Pero el caso de Max no es único. Cada vez más y más familias empiezan a tratar con homeopatía a sus hijos autistas, escucho acerca de más experiencias que hablan de curaciones reales alrededor del mundo. Con una enfermedad “incurable” como el autismo, incluso modestas mejoras pueden crear una gran diferencia en la calidad de vida.

    Muchos homeópatas con los que hablo reportan que siempre hay por lo menos una pequeña mejoría en la mayoría de sus casos de autismo.

    Hoy en día Max tiene 21 años, estudia cine y animación en una importante universidad estadounidense. Es popular, extremadamente sociable y cuenta con un óptimo estado de salud. No tiene ningún tipo de restricciones alimenticias y probablemente es el miembro de nuestra familia con la menor necesidad de ayuda homeopática.

    Hemos sido bendecidos por la curación que nos brindó la homeopatía y estaré por siempre agradecida por los milagros que puede lograr.»

    Lee el artículo completo en http://www.impossiblecure.com/SpanishAutismArticle-June2012.pdf

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    9 Comentarios

    1. Hola Marlene .tuve un hijo’activo’ y fu empeorando hasta el grado de no ver los peligros en la carretera en deportes de riesgo etc. hasta que se metio en uno que no pudo salir.
      mientras llegas a la consulta de un quinesiologo tienes que hacer diez cosas y dejar de hacer veinte como no darle chucherias a tu hijo. etc.
      ANHELEMOS EL DIA EN QUE TODA LA TIERRA SEA CONVERTIDA EN UN PARAISO Y NADIE DIRA ,;ESTOY ENFERMO_(Apocalipsis 21:3-4).
      Saludos desde el pais de los pasiegos.

    2. Gracias a tod@s por visitar nuestra web y por vuestros comentarios.

      Y mil perdones por no contestar a vuestros mensajes. Lo cierto es que el volumen de comentarios recibidos en ABC Homeopatía, la web y la página y perfil de Facebook, así como en Homeopatía por un Tubo, nuestro buscador Homeopático, nos tienen absolutamente desbordados.

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      Gracias a tod@s
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